Carencias nutricionales en el tomate: cómo identificarlas a tiempo

El cultivo del tomate es especialmente sensible a los desequilibrios nutricionales, y una de las carencias más comunes está relacionada con el calcio. Aplicar a tiempo un corrector de calcio para tomates puede marcar la diferencia entre una cosecha sana y una con pérdidas importantes en la calidad comercial del fruto.

Cómo se manifiesta la falta de calcio

La carencia de calcio en el tomate se traduce habitualmente en la conocida podredumbre apical, una mancha oscura y hundida en la parte inferior del fruto que afecta tanto a su aspecto como a su comercialización. Este problema no siempre se debe a la falta de calcio en el suelo, sino a que la planta no logra absorberlo correctamente.

El estrés hídrico, los riegos irregulares y el exceso de nitrógeno son factores que dificultan esta absorción, incluso cuando el calcio está presente en cantidad suficiente en el terreno.

Las altas temperaturas y la baja humedad ambiental también dificultan el transporte del calcio dentro de la planta, ya que este nutriente se mueve principalmente a través del flujo de agua, por lo que cualquier alteración en el riego repercute directamente en su disponibilidad.

El tipo de sustrato utilizado en el cultivo también influye en la disponibilidad de calcio para la planta, por lo que un buen análisis de suelo previo a la plantación ayuda a anticipar posibles carencias antes de que se manifiesten visualmente en el fruto.

Cómo prevenir el problema

Mantener un riego constante y bien planificado es una de las medidas más efectivas, ya que evita los picos de estrés hídrico que dificultan la absorción de calcio. La aplicación foliar durante las fases de cuajado y desarrollo del fruto también ayuda a reforzar el aporte en los momentos de mayor demanda.

Una estrategia de nutrición equilibrada, que evite excesos de nitrógeno y combine bien riego y fertilización, reduce significativamente la incidencia de este problema en el cultivo.

Los análisis foliares periódicos durante el ciclo de cultivo permiten ajustar la fertilización de forma mucho más precisa que una planificación genérica, adaptándose a las necesidades reales de cada parcela y campaña.

Un seguimiento constante durante el cultivo

Revisar periódicamente el estado de las plantas durante las fases críticas de desarrollo del fruto permite detectar los primeros síntomas antes de que el problema se extienda a gran parte de la cosecha.

Llevar un registro de las condiciones de riego y fertilización aplicadas facilita también ajustar la estrategia de una campaña a otra, aprendiendo de la experiencia previa en cada explotación.

Combinar la fertilización foliar con un programa de riego bien planificado, adaptado a cada fase fenológica del cultivo, sigue siendo la estrategia más efectiva para minimizar el riesgo de podredumbre apical en explotaciones de tomate de cualquier tamaño.

Compartir experiencias con otros productores de la zona, a través de asociaciones agrarias o jornadas técnicas, permite conocer de primera mano soluciones prácticas que ya han demostrado su eficacia en condiciones de cultivo similares a las propias.

Empresas especializadas en nutrición vegetal como Nevian Fertilizantes desarrollan soluciones específicas para este tipo de carencias, ayudando a los productores a proteger la calidad de su cosecha desde la raíz.

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