Un ‘toque’ catalán en un invernadero de El Ejido

Nació en Barcelona, pero el destino de Antonio Quesada se había escrito con tinta ejidense. Eligió prepararse para ser ingeniero de telecomunicaciones, pero el amor y la crisis económica abrió una nueva ventana profesional en su vida. Hizo las maletas. Dejó atrás su querida Cataluña, su dedicación como técnico de telecomunicaciones, y aterrizó en el corazón de la agricultura intensiva, en el municipio de El Ejido, para formarse y convertirse en un profesional, como los miles que hay en esta tierra, que cultivan productos hortofrutícolas de primera calidad. Siete años hacen ya de aquel giro que dio su vida.

Su futuro comienza a rodar su particular película cuando se enamora de una ejidense. En un primer capítulo, las escenas se desarrollan en Barcelona, ciudad de la que es natural, y ella se traslada allí para estudiar y trabajar. Todo iba sobre ruedas hasta que la crisis económica se agudizó. «Ya no estábamos bien en nuestro trabajo y surgió la oportunidad de venir a El Ejido», recordó Quesada.

Su suegro, que gestionaba una hectárea de invernadero, se jubilaba, y con ello se planteaba varias opciones: traspasar la tierra, arrendarla, o pasarle el testigo a su hija y yerno. Así, llegó a esta tierra. Primero como peón, durante dos años, y cinco lleva ya gestionando la finca familiar.

Este joven productor reconoce que los inicios «fueron muy duros». Al cambio de actividad, se unió el enfoque cultural tan distinto, y las dimensiones de ambas ciudades. «Todo era muy diferente». En el trabajo, le costó adaptarse a los horarios, sobre todo a los del periodo más caluroso. También fue complicado el ‘reciclaje’. «Como técnico en telecomunicaciones cada día te enfrentabas a un caso diferente, y en la agricultura, por periodos, la labor se repite día tras día».

Antonio Quesada, desde un principio tuvo claro que si quería hacer carrera en la agricultura intensiva tenía que doblegar esfuerzos y aprender mucho. Por ello no dudó ni un instante en poner los cinco sentidos en lo que hacía a la vez que participaba en diferentes cursos aplicados a la actividad hortofrutícola de la oferta del Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera (Ifapa) de la Consejería de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural, algo que sin duda, le ha ayudado mucho, como afirma este joven agricultor.

Fue valiente y se aventuró con uno de los cultivos más complicados. Actualmente produce una de las especialidades más punteras como es ‘Palermo’, además de un tipo kapia amarillo. Probó con el California, pero no le convenció. «Estoy acostumbrado a las especialidades de italiano», asegura, un tipo de producto que incluso, le llevó a recibir un reconocimiento de la cooperativa a la que pertenece, Cabasc (Unica Group). «Cuando llevaba dos años gestionando la explotación recibí un premio por alcanzar un 96% de la producción con primeras calidades».

La familia de su mujer fue un gran apoyo desde el principio. Contó con su calor, su cariño, y también con su experiencia a la hora de desarrollar esta nueva profesión. «Tuve un gran respaldo de todos, pero en especial de mi suegro», que hoy, desgraciadamente ya no está con ellos, y al que recuerda con un especial cariño, y que sigue siendo una guía motivadora para seguir avanzando y creciendo en esta profesión de la que hizo su carrera profesional.

Los momentos duros quedaron atrás y «hoy todo es más llevadero». Aunque añora a su familia, que quedó en Cataluña, se siente «totalmente adaptado a esta ciudad», a esta profesión, y «no me planteo una vuelta atrás». Antonio Quesada ve su futuro y el de su familia en El Ejido, apegado a la agricultura intensiva. «No contemplo regresar a Cataluña». Una tierra, que hoy le genera «tristeza» por el conflicto de independencia , que este agricultor rechaza con rotundidad.

A Antonio Quesada se le nota la satisfacción al hablar de la gente de esta tierra, la que lo acogió hace siete años. Es más, a su juicio, «la gran baza que mantiene a flote la actividad hortofrutícola, que se encuentra con numerosos obstáculos, es su gente». Los agricultores son «muy trabajadores y tienen una alta capacidad de esfuerzo. Son muy conscientes de lo que tienen y eso hace que sean muy emprendedores, dispuestos siempre a superarse y nunca a tirar la toalla, por muchas dificultades que se encuentren en su camino», valora este joven agricultor llegado de tierras catalanas, que hoy es hasta seguidor del CD El Ejido.

Pero esta agricultura, la intensiva, tiene a su entender grandes dolencias. Una de ellas es la «discriminación» a la que «las administraciones públicas someten a esta tierra y a esta agricultura». Para el nivel de ayudas que tiene la agricultura intensiva “es un milagro que siga funcionando”. Se refiere a apoyos económicos similares a otros tipos de agricultura, pero también a la apuesta de las administraciones por mejorar las infraestructuras, por ejemplo, o también para garantizar el agua, un recurso vital para la actividad.

Además de la ausencia de una proyección fuerte de imagen, con una marca «que represente a los productos», y a pesar de sentirse privilegiado por pertenecer a Unica Group, «un proyecto que funciona, Antonio Quesada considera que el sistema comercial de Almería, «no está a la altura de la calidad que ofrecen los agricultores». No puede ser «que tengamos en momentos casi todo el producto que se comercializa en Europa, y no seamos capaces de vender en condiciones, a un precio razonable, y que sean otros los que pongan el precio».

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