La necrosis apical afecta al menos al 10% de los mangos de la Costa Tropical

El mango es un subtropical que está creciendo mucho en los últimos tiempos en la Costa Tropical, a raíz de los buenos precios que está alcanzando en el mercado. Tan es así que muchos agricultores están optando por reemplazar otros cultivos de este tipo, como chirimoya o aguacate, por este cuya rentabilidad es superior.


Además de los riesgos comerciales que ello pueda implicar a futuro, pues si crece la oferta disminuye el precio, estos productores se enfrentan también al riesgo de que sus nuevas plantaciones se vean afectadas por una plaga específica de esta planta, la ‘Pseudomonas syringae’, también conocida como necrosis apical del mango. La situación es de especial riesgo para estos nuevos cultivos, ya que la bacteria se ceba especialmente con los ejemplares más jóvenes de este frutal. Se estima que en el litoral granadino está afectando a aproximadamente entre el 10 y el 12 por ciento de esta población de mangos de entre uno y tres años.

Se trata de una bacteria que fue descrita a nivel mundial en el sur de España, incluyendo las Islas Canarias, y que afecta también a otros países de la cuenca mediterránea, como Portugal, Italia, Israel y Egipto. Solo excepcionalmente produce la muerte del árbol, aunque su efecto principal es el de menoscabar el crecimiento de la planta. Se observa especialmente en árboles jóvenes, ya que sus brotes son más tiernos y puede entonces causarles más daño.

El síntoma más característico que advierte de su presencia son unas manchas necróticas en las yemas vegetativas y en las yemas florales, que a veces se extienden hasta el tallo y a lo largo del nervio central de la planta. También se puede apreciar una exudación de gotas lechosas, que cuando el ataque avanza se transforma en una resina de mayor dureza y oscuridad. Debido a su efecto, al final la yema se seca y la panícula floral se pierde, lo que reduce el cuajado y da lugar a una disminución de la producción. Si la acción de la bacteria se hace más virulenta y termina afectando al tallo, sí puede llevar a la muerte del árbol.

Según explica la ingeniera agrícola Jessica Miñano, «la bacteria por sí sola es incapaz de entrar en la planta, pero sí aprovecha laceraciones o cualquier alteración en la superficie para hacerlo, y por eso se recomienda que después de las podas se eche una pasta cicatrizante y se trate con cobre». En ese sentido, hace un paralelismo con los seres humanos, pues cuando «tenemos una herida es más fácil que se nos meta un virus o una bacteria, y en los cultivos pasa igual». Debido a esta forma de infección, los árboles que han sido víctima de granizo son especialmente vulnerables.

Apostar por la prevención

«La prevención es el arma más eficaz para luchar contra esta plaga», afirma Miñano, y asegura que una de las principales medidas pasa por envolver la planta con manta térmica para su protección ante los vientos y para que no sufra heridas debido a roces, impidiendo su propagación por la humedad otoñal. En este sentido, se desaconseja el uso de plásticos, que favorecen la concentración de humedad, mientras que la manta permite la transpiración.

Otra medida preventiva, aunque más complicada de materializar, es evitar la exposición a fuertes corrientes de aire a través de mallas cortavientos o arboledas que sirvan de pantalla. También se recomienda precaución durante la época de poda mediante la desinfección continua de las tijeras para evitar que la plaga se propague por ese medio, y lo mismo con los materiales de recolección durante ese periodo.

Si finalmente se produce la infestación, el tratamiento consiste en la aplicación de gel de sílice que absorbe la humedad de la superficie de la cutícula para que no se propague la bacteria, a la vez que frena los ataques de hongos. También es efectivo el caldo bordelés, un sulfato cuprocálcico que desde hace mucho se emplea en viñedos y otros cultivos para combatir hongos y bacterias. El método de aplicación es foliar, diluyendo estos productos en agua para rociar sobre la planta.

«Los tratamientos deben realizarse a partir de noviembre, una vez que se recoge la fruta, cada tres o cuatro semanas hasta marzo», señala la ingeniera agrícola, y matiza que hay que tener en cuenta las condiciones del tiempo, pues «cuanto más lluvioso sea el otoño, más hay que tratar». Estos procedimientos funcionan «de forma pasiva, formando una capa protectora en la superficie de la hoja que impide la entrada de la bacteria».

Jessica Miñano es responsable de compras y ventas en la empresa de productos fitosanitarios y abonos Agroquímicos Esteban, situada en Salobreña, donde según afirma es frecuente la demanda de tratamientos para esta plaga. «Está afectando sobre todo a plantaciones jóvenes, que se realizaron recientemente. Algunos clientes que plantaron el año pasado han tenido que arrancar incluso un 20 por ciento de los frutales, desinfectar la zona y reponer los ejemplares. Pero el ataque normal está en torno al 10 o 12 por ciento», indica. En cuanto a la población adulta y con mayor robustez –a partir de los cinco años, cuando el mango entra en plena producción–, también existe afección, pero no es significativa y no demanda mucho esfuerzo el tratamiento.

La ‘Pseudomonas syringae’ era ya conocida en la costa granadina por afectar a los tomates, especialmente de invernadero, por aquello de que la humedad favorece su propagación. Pero no se trata de un contagio, que no es posible, sino de una cepa diferente de la misma bacteria que centra su acción en el mango.

Además de la humedad, la plaga se reproduce con bajas temperaturas, por lo que su época de apogeo es el otoño-invierno. Sin embargo, no muere con las altas temperaturas y la fuerte radiación del verano, sino que permanece latente a la espera de volver a propagarse cuando las condiciones climáticas vuelvan a serle favorables.

El organismo causante de la necrosis apical suele desarrollarse como un parásito sobre el tejido de la planta y también en los suelos sobre los que se cultiva, mostrando una gran capacidad de adaptación. Por ejemplo, manifiesta tolerancia a radiaciones ultravioletas o resistencia al cobre, un elemento utilizado en las medidas de control químicas que se emplean como tratamiento contra esta afección.

La bacteria vive sobre los cultivos de mango todo el año, pero en las regiones donde no es autóctono este tipo de cultivo, en la época de lluvias y bajadas de temperaturas, ataca al árbol estropeando las cosechas. Es lo que ocurre en las zonas de cultivo de este fruto en Andalucía –que comprende los litorales granadino y malagueño–, Israel y Australia. En estas regiones hay descensos de temperatura y abundantes lluvias que favorecen que la bacteria infecte los cultivos de mango, provocando grandes pérdidas económicas en el sector de los subtropicales. Teniendo en cuenta el crecimiento que está experimentando la superficie de cultivo de este subtropical por su buena rentabilidad, se espera que la incidencia de la ‘Pseudomonas syringae’ se vaya incrementando a la par, y de ahí la necesidad de aplicar medidas preventivas.

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