El Residuo Cero, la nueva marca de calidad para los productos hortofrutícolas

El Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) que están negociando la Unión Europea y Estados Unidos daría lugar a la entrada en el continente de productos hortofrutícolas procedentes de América, lo que supondría una mayor competencia para la producción agrícola europea y, por tanto, la española. La estrategia alternativa del sector para mantener su lugar en el mercado es ofrecer una mayor calidad, y en ese marco está asomando una nueva tendencia, el Residuo Cero.

El tema fue abordado en las III Jornadas Profesionales Saliplant 2016, celebradas el pasado 10 de junio en el Centro de Desarrollo Turístico de Motril con la participación de medio millar de personas, hasta completar el aforo de la sala. La intención era echar luz sobre un asunto que está en el candelero y que está generando una necesidad de información y también de formación.

En este foro se trató de ofrecer una visión global de toda la cadena productiva en lo referente al Residuo Cero, por lo que intervinieron responsables de empresas mayoristas de frutas y hortalizas, de control biológico, de nutrición, de certificación y de laboratorios.

El Residuo Cero es un nuevo marchamo de calidad que se puede convertir en una diferenciación competitiva en el mercado, explica Domingo López, gerente de Semilleros Saliplant, empresa organizadora de las jornadas. «Con el TTIP hay una cierta amenaza sobre el mercado europeo con la apertura del mercado sudamericano, y una manera con la que uno se puede diferenciar y dar un producto de calidad es el Residuo Cero», afirma.

El sistema está basado en la seguridad alimentaria, buscando que al fruto que se consume no le queden residuos de ningún agroquímico que pueda haber sido utilizado durante su proceso de producción. López asegura que «al final es como trabajar con producción integrada, pero llevándolo al extremo de que no haya residuos en el producto y que al consumidor final se le dé la tranquilidad de que está consumiendo un fruto cien por cien libre de cualquier químico, si bien se pueden utilizar en su producción».

En este último punto es donde el producto de Residuo Cero se diferencia de la agricultura ecológica, que solo puede utilizar agroquímicos autorizados en sus distintas etapas de su producción y cuyos frutos solo pueden tener residuos de esos agroquímicos que, en general, son respetuosos con el medio ambiente e incluso totalmente naturales. En lo referente al control biológico, que sustituye tratamientos químicos por insectos auxiliares o microorganismos competidores, se puede utilizar tanto en la agricultura ecológica como en Residuo Cero.

Dentro de este ámbito existe la intención de crear una norma por parte de Zerya, que ya cuenta con una certificación de Residuo Cero. Se trata de una marca de calidad privada y de cumplimiento voluntario creada por especialistas del sector para que cualquier agricultor pueda desarrollar un sistema de gestión técnica que le permita producir alimentos sin residuos de pesticidas en el producto final. La creación de la norma daría lugar a un seguimiento anual de toda la producción para certificar el Residuo Cero durante todo el proceso y no solamente con un análisis final, de forma que se asegure que el producto resultante tendrá esa característica.

La producción de Residuo Cero está registrando un creciente interés, pero aún está lejos de estar implantada. «Todavía es una tendencia que se está empezando a manifestar, pero como aún hay poco conocimiento al respecto, lo que hay es interés por saber cómo puede funcionar y qué ventajas comerciales puede llegar a dar», dice el gerente de Saliplant. Y agrega, según quedó de manifiesto en las Jornadas, que «puede ser un punto interesante y a favor de la defensa de la producción europea frente a exportaciones de terceros países, donde se tarda más en implantar ese tipo de tecnología».

Pero el hecho de que se certifique la forma de producción no impide que las propias empresas realicen controles internos. Domingo López indica que «las empresas que se quieren acoger a este tipo de producción realizan análisis y controles internos, y modifican todo su sistema de trabajo y de tratamiento con más lucha biológica y con más prevención, con productos menos residuales para que al final el fruto sea Residuo Cero».

Una de las empresas que participó en las Jornadas Profesionales fue el laboratorio AGQ, que explicó las tendencias en normativa, nivel de fitosanitarios o funcionamiento de las curvas de degradación, ya que en definitiva serán los laboratorios los que certifiquen la presencia de Residuo Cero.

Este sistema implica también a los tratamientos post cosecha, no solo por parte de los agricultores sino también en el transporte, donde se utilizan fungicidas o bacteriostáticos para realizar el viaje. Por tanto, si se trabaja con Residuo Cero esos elementos quedan totalmente eliminados, añadiéndose esa ventaja competitiva. En cuanto a los productos en los que se puede aplicar esta forma de trabajo, se incluyen todas las frutas y hortalizas en general, tanto de invernadero como al aire libre.
Una certificación de este tipo le abriría las puertas a cualquier hortofrutícola español en el mercado europeo, ya que la calidad es uno de los principales reclamos de las grandes cadenas de alimentación. Sin embargo, esta marca no solo apunta a las comercializadoras, sino también al consumidor. Para López, «hay mucho desconocimiento en el consumidor final del sistema de producción de la verdura que se está comercializando», por lo que una de las cuestiones planteadas en la Jornada fue «darle difusión al Residuo Cero como algo que aporta una garantía de seguridad y de sanidad para el consumidor».

La implantación de este sistema no implica que toda la producción vaya a ser de este tipo, ni mucho menos. Domingo López considera que «se centrará en un nicho de mercado de gente que esté concienciada y esté buscando ese tipo de seguridad, tal y como pasa con el producto ecológico o el biodinámico», mientras que al mismo tiempo «habrá un mercado en el que el comodity seguirá siendo de producción convencional, que a su vez tiene un nivel de exigencia muy alto». De momento tampoco se marcan objetivos en cuanto a qué porcentaje de la producción tendría este distintivo, ya que aún le queda mucho camino por recorrer y no se conoce cuál será la demanda. «Ahora mismo la discusión es si el mercado va a admitir bien o no esta marca», añade.

En cuanto a la diferencia de costes entre esta producción y la convencional, el responsable de Saliplant sostiene que «no tiene por qué ser mucho más cara» y que puede situarse «en la línea de una producción integrada o de la ya certificada en GlobalGAP». Y sobre el coste final del producto, cree que «finalmente será cuestión de oferta y demanda», pero matiza que «si el mensaje se traslada correctamente y el mercado lo entiende, lo normal es que el lineal del supermercado eligiese este producto en lugar del que está al lado». «A lo mejor no se puede empezar vendiendo más caro, pero sí se puede vender mejor, ya que para las comercializadores es muy importante que escojan su producto en lugar del de la competencia», concluye.

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