El futuro del campo pasa por poner en valor los productos ecológicos y el asociacionismo

Todos los que nos movemos en el sector agroalimentario, o tenemos relación con algún agricultor hemos oído expresiones parecidas  a estas: «por lo que nos pagan por la cosecha no nos merece la pena recogerla», «los beneficios se los quedan los intermediarios y los minoristas», «con lo que nos pagan apenas cubrimos costes»… La  globalización, el modelo de mercado que tenemos con cadenas de distribución cada vez más largas, unos mayoristas y minoristas cada vez más poderosos que nos imponen las condiciones de venta y comercialización del producto, han propiciado esta situación.

¿Qué puede hacer el agricultor para mejorar sus perspectivas, para negociar desde un plano de igualdad y  para obtener un precio justo por sus productos?
Dentro de las posibles  soluciones las más utilizadas  son las  derivadas de los movimientos cooperativistas en los que los pequeños y medianos agricultores se asocian para tener más poder de negociación y para reducir los costes de producción. Pero de forma complementaria a esto, tenemos otras posibles armas para equilibrar la balanza y dignificar desde el punto de vista económico la  actividad agrícola.

Me refiero en concreto a dos, en primer lugar, dar un valor añadido a nuestro producto que nos diferencie de los productores de otros países con los que no podemos competir en costes. Desde ese punto de vista suponen  una oportunidad el desarrollo de explotaciones ecológicas y la  ampliación de las superficies cultivadas en ecológico. Para ello hace falta un cambio de mentalidad que tiene que partir del propio agricultor, pasar por la administración que debe simplificar los trámites para conseguir la certificación de los productos ecológicos y llegar al consumidor que cada vez está más preocupado por su salud  y que está empezando a trasladar esa preocupación a la cesta de la compra.
La segunda solución consiste en el fomento de los canales cortos de comercialización (venta directa en la propia explotación o a través de internet) y  el desarrollo  del fenómeno del producto local. El consumidor cada vez demanda más productos de su comarca, de los que se  han consumido en la zona toda la vida (ej. hortalizas de la vega, espárragos de Huétor, naranjas del Valle de Lecrín etc.)

VALOR ADICIONAL

La combinación de todos estos elementos puede mejorar la situación del sector. No podemos seguir competiendo solo reduciendo costes, bajando los márgenes de los agricultores, tenemos que dotar a nuestro producto de un valor adicional, de mejores cualidades organolépticas, hacer productos más sanos, con mejor sabor, es decir tenemos que hacer tomates que sepan a tomate como los de antes y si lo conseguimos seguro que el consumidor estará dispuesto a pagar un poco más por nuestro producto.

Desde el centro de formación profesional EFA El Soto estamos aportado nuestro granito de arena al fomento del cultivo ecológico y local, con la impartición desde 2010 del Ciclo Formativo de Grado Medio de Producción Agroecológica. Fuimos uno de los primeros centros de España en impartir esta especialidad. Pioneros en el cambio de mentalidad de los agricultores desde lo más importante para la sociedad, formando a las nuevas generaciones del campo en una mentalidad nueva (en muchos aspectos más que nueva tradicional de verdad) que hace  palpable la importancia de este sector no solo desde el punto de vista económico sino  también desde el punto de vista social, medioambiental etc…

En el módulo de Comercialización de Productos Ecológicos, que impartimos en este ciclo, destaca una materia que es de vital importancia para que la información relativa a los productos ecológicos  llegue al consumidor de manera veraz y segura. Este es uno de los factores que pueden propiciar que la ventaja competitiva y la inversión que supone producir en ecológico se rentabilicen por parte del productor: el etiquetado de productos ecológicos. En este sentido hay que destacar que esto no es solo de interés para agricultores, productores o  comercializadores sino que también su conocimiento es importante para los consumidores que pretenden  ‘comer sano’ y que deciden introducirse en el mundo de lo ecológico.

En los productos ecológicos se debe cumplir no solo la normativa general sobre etiquetado sino que también  la específica para este tipo de los alimentos, que nos viene dada  por la legislación comunitaria en el Reglamento (CE) 834/2007.

Tienen especial relevancia los términos protegidos en el etiquetado, publicidad o documentos comerciales: ECOLÓGICO, BIOLÓGICO o abreviaturas como “ECO” y “BIO” utilizados combinados con otros términos o de forma aislada y que solo pueden ser utilizados por operadores certificados como ecológicos por un organismo de control autorizado. De esta forma se evita la competencia desleal (para los productores realmente ecológicos) y el fraude (para el consumidor) que suponen los ‘falsos bio’ que son productos que quieren dar una falsa sensación de ecológico al consumidor cuando no lo son en realidad.

Es un tema complejo pero de especial transcendencia tanto para profesionales del sector como para consumidores de productos ecológicos. En este sentido os recomiendo a los que estéis interesados en conocer más de este tema el Manual de Etiquetado de Productos Ecológicos editado por la Consejería de Agricultura y Pesca que fue actualizado en 2015 y que explica de manera clara y sencilla con multitud de ejemplos prácticos como debe ser el etiquetado de este tipo de productos y toda la casuística que se puede generar. Se puede descargar en pdf en la web.

Por ultimo una cita de Cicerón, reconocido universalmente como uno de los más importantes autores de la historia romana,  que  expresa una idea  que desde mi punto de vista sigue plenamente vigente hoy en día.

«De todos los oficios lucrativos, ninguno mejor, ni más productivo, ni más agradable, ni más digno de un hombre libre que la agricultura». Por tanto hagamos una agricultura digna que permita a los agricultores vivir dignamente y disfrutar del oficio más digno que existe.

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