Más de la mitad de la superficie de tomate se cultiva con control biológico en Almería

En la presente campaña los agricultores han incrementado la aplicación de técnicas de control biológico en el cultivo de tomate, según los datos aportados durante la II Jornada de control biológico: situación y perspectiva en tomate’, organizada por la Fundación Cajamar, Agrobío y Biocolor. La progresión se ha comprobado en un 20% respecto a la superficie de la pasada campaña. En el encuentro se ha puesto sobre la mesa la evolución y resultados de la instalación de fauna auxiliar en plantaciones de tomate. Según el gerente de Agrobío, “en varios años podremos hablar de la implantación del control biológico en casi toda la superficie de invernaderos que cultivan este producto en la provincia de Almería”.

 

Concretamente, en la campaña de otoño, se han llevado a cabo sueltas de Nesidiocoris tenuis, insecto auxiliar utilizado en el control biológico de las plagas en tomate, en aproximadamente 3.000 hectáreas. Sólo se han tenido que reforzar las sueltas en 250 hectáreas, debido, principalmente, a problemas de coordinación entre semilleros y agricultores, según los expertos. Los insectos auxiliares se han instalado en dos semanas y cerca del 98% han sobrevivido.

En la campaña de primavera se han llevado a cabo sueltas en semilleros para un total de 1.130 hectáreas y se han tenido que someter a refuerzo 98 hectáreas.

La inauguración de las jornadas ha sido presidida por Mª Cruz Escudero, directora del Centro Experimental de la Fundación Cajamar, José Antonio Santorromán, gerente de Agrobío y Juan García, gerente de Biocolor.

Reducción de costes

La evolución del control biológico en el conjunto de cultivos ha supuesto una reducción de los costes totales que afrontaba el agricultor para controlar las plagas en el invernadero, debido a la menor utilización de productos fitosanitarios, y progresivamente a la necesidad de incluir menores dosis de fauna auxiliar. Según Juan García, “esta reducción media es del 30%”, aunque en algunos casos concretos, apuntaba Santorromán, “llega hasta el 80%, según informes realizados por algunas comercializadoras hortofrutícolas”.

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